Fue el primer evento presencial del año de la CEDU, aunque esta vez no estuvo organizado por la cámara. También fue distinto por el contenido: no se habló de créditos, metros ni costos. Moderado por Tabakman -pero no Damián-, el encuentro puso el foco en el legado y en las distintas formas de trabajo entre padres e hijos.
Un evento atípico de la CEDU, por donde se lo mire, titulado: Legado y futuro – empresas familiares, nuevas generaciones y toma de decisiones en tiempos de cambio.
Un tema del que se habla poco en la cámara, pero que despierta intercambios apasionados y necesarios, según comentó Damián Tabakman en sus palabras de apertura. Para empezar, se dejó en claro que no es lo mismo el legado que la herencia.
El panel, integrado por tres duplas de desarrolladores —padres e hijos—, fue moderado por Javier Tabakman, especialista en Recursos Humanos de amplia trayectoria, y organizado por Click Lands, Demasled y XRS, todos miembros de la CEDU en la nueva categoría de “adherentes”.

Participaron Daniel y Javier Ochacovsky, de Ocha Desarrollos; Issel y Nicolás Kiperszmid, de Dypsa; y Marcos y Martín Juejati, de NorthBaires y Suma. Cada dupla mostró una forma distinta de trabajar el vínculo entre generaciones.

Abrió el juego Issel Kiperszmid, de Dypsa, quien contó que, a partir de la incorporación de su hijo Nicolás, la empresa se transformó en una startup con 40 años de historia: una compañía disruptiva en el sector, tanto a nivel de financiamiento como de tecnología.
Nicolás, por su parte, recordó que al principio su padre era su jefe y que esos primeros tiempos fueron ásperos. Su padre era su héroe, luego se convirtió en su mentor. Hoy son socios, y destaca el espacio que le brinda para tomar decisiones.
Están trabajando fuertemente en el Plan 2030, año en que está previsto que Nicolás tome el liderazgo de la empresa. La transición ya está en marcha, con un proceso de profesionalización de líderes para descentralizar decisiones que históricamente estuvieron concentradas en Issel, quien no tenía otros socios.
En paralelo, avanzan en la redacción de un protocolo familiar, en la conformación de un directorio con participación de la familia y en el aprendizaje de un nuevo rol: el de accionistas. “Queremos que nos desafíen como managers”, expresó Nicolás.
Por su parte, Daniel y Javier Ochacovsky fundaron Ocha hace cuatro años. En su caso, no se trató de una transición, sino de construir juntos desde cero. Hoy el grupo se compone de tres unidades: estudio de arquitectura, desarrolladora e inmobiliaria, con roles bien definidos.
El crecimiento fue muy rápido, y ahí aparece el desafío: para Daniel, se trata de sostener esa expansión sin perder calidad. En ese camino, están armando equipos que le permitan a Daniel correrse del día a día y enfocarse en las decisiones macro. Y lo resumió en una frase: “Si no fuera mi hijo, lo elegiría como socio”.
Por último, Marcos Juejati, de NorthBaires, presentó un caso distinto. Al tener un socio en su empresa original, la decisión familiar fue que la nueva generación creciera en un espacio propio. Así nació Grupo Summa, creada por dos de sus hijos junto a otra pareja de hermanos, amigos de toda la vida.
Marcos y Martín contaron que, aunque lideran empresas distintas, mantienen un vínculo muy cercano y buscan apoyarse, complementarse y nutrirse mutuamente, tanto en lo personal como en lo profesional.
Ya en el cierre, Javier Tabakman invitó a reflexionar sobre el legado. Todos coincidieron en que su principal legado no pasa por los negocios, sino por los valores que los guían en el día a día.
Son padres que han dado lugar a sus hijos, tomando decisiones de incorporación y de nuevos proyectos de manera consensuada a nivel familiar, con un cuidado especial por las relaciones: no solo entre padres e hijos, sino también entre hermanos, para prevenir tensiones o conflictos.
Padres e hijos se mostraron muy a gusto compartiendo sus experiencias y dejaron en evidencia que disfrutan esta nueva etapa.